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La cultura del café de especialidad continúa creciendo en Río Gallegos. Desde Rocco destacan una mayor curiosidad del público por los granos, métodos y procesos, mientras el local fue reconocido entre las 100 mejores cafeterías del país.

La cultura del café de especialidad continúa creciendo en Río Gallegos, impulsada por una mayor curiosidad de los consumidores y una profesionalización cada vez más marcada dentro del sector gastronómico. Desde Rocco sostienen que el público local comenzó a interesarse no solo por el sabor, sino también por los métodos, tipos de grano y procesos que hay detrás de cada taza.

Juan Suárez explicó que el café dejó de pensarse como un producto genérico y pasó a trabajarse de acuerdo con distintas recetas, métodos y momentos del día. En ese proceso, destacó la evolución de los clientes de Río Gallegos, que ya comparan experiencias, prueban cafés en otras ciudades y regresan con mayor conocimiento sobre el producto.

La figura del barista ocupa un lugar central en esta transformación. Lautaro Doolan explicó que su tarea consiste en completar la trazabilidad del café y controlar variables como la molienda, la temperatura, el gramaje y los tiempos de extracción. “El barista es el último eslabón”, señaló al describir la responsabilidad de respetar un producto que, en muchos casos, fue recolectado y procesado de manera artesanal.

Rocco también atraviesa un momento de crecimiento. El espacio fue reconocido entre las 100 mejores cafeterías del país y sostiene una propuesta que combina café de especialidad con producción propia de pastelería, panes, masa madre y laminados. Desde el local remarcan que el objetivo es seguir perfeccionando tanto la calidad del producto como la experiencia del cliente.