El pase de la Selección Argentina a la gran final de la Copa del Mundo desató una ola de fervor popular que unió a todo el país, borrando las distancias geográficas y uniendo cada rincón bajo un mismo sentimiento. Ni siquiera los rigores extremos del invierno polar pudieron enfriar la pasión albiceleste: en las bases científicas y militares de nuestra Antártida Argentina, los compatriotas vivieron el triunfo con una intensidad conmovedora. Allá, el calor de la histórica victoria lograda en Atlanta frente a Inglaterra pareció derretir por completo los impiadosos –23 °C bajo cero que marcaban los termómetros en el continente blanco.
Lejos del continente, pero con la bandera más alta que nunca, los muchachos hicieron flamear los colores celeste y blanco entre la nieve y el viento helado, demostrando que no existen barreras cuando juega el corazón de la Patria. Los festejos, marcados por los abrazos y los cantos en medio del desierto de hielo, reflejan la comunión de un pueblo que sueña con el bicampeonato y que ahora espera con ansias el choque definitivo del próximo domingo frente a España. Este triunfo es de todos, y desde el punto más austral del mapa, el aliento ya viaja directo hacia el MetLife Stadium de Nueva Jersey.
